Mucha gente habla empleando frases hechas. Esa es una verdad como un templo. Esa gente, para hacernos ver que lo que dicen es importante, utilizan argumentos maestros del tipo, "Quien a buen árbol se arrima..."
Lo recomendado es no llevarles mucho la contraria, porque si apelan de forma tan certera a la sabiduría popular, ¿quiénes somos nosotros para oponernos? Las frases hechas que usaban los abuelos, los padres, revelan un conocimiento ancestral al que no podemos sustraernos por más que lo intentemos.
Más preocupante era el caso de mi amigo D.N. Éste no sólo usaba frases hechas, sino que todas las sacaba de la radio y la televisión. Por lo tanto, a cada frase hecha le acompañaba la melodía estúpida de un anuncio, o el aplauso invisible, las risas enlatadas del público. A eso lo llamábamos cortinilla.
Al principio intentamos no tomárnoslo muy en serio. No nos queríamos dar cuenta de que, simple y llanamente, esa era su manera de percibir el mundo. De que vivía como si el salón de su casa fuera el plató donde se rodaba el "Un, dos, tres".